Viedma: entre la nostalgia del pasado y el desafío del futuro (por Pablo Díaz)

Mi ciudad de Viedma puede ser considerado un leading case de la incertidumbre. O de la indecisión permanente, ponele! La ciudad más antigua, puerto comercial más importante y capital histórica de la Patagonia, cuyo recuerdo solo es sostenida por algunos escasos NYCs que la sobreviven – y dejan sus añoranzas en un muro del Facebook-, no entra ya ni por asomo en el top five de las ciudades más importantes de esta región del cono sur de la América. Ha sido superada ampliamente por Neuquén, Puerto Madryn, Bariloche, General Roca, Comodoro Rivadavia, Trelew, Cipolletti y Ushuaia, por ejemplo, a quienes ha visto nacer y crecer llevándose de acá, en algunos casos o atrayendo nuevos, capitales humanos y económicos que la hacen envidiarlas a punto tal que una parte de nuestra dirigencia política y empresarial vienen reclamando una redefinición estratégica de su perfil identitario.

Pero esa incertidumbre sufrió un shock hace pocos meses atrás cuando mayoritariamente puso en las urnas un voto de cambio. Y ese complaciente conservadurismo del status quo entró en crisis cuando el 10 de diciembre asumió una nueva gestión gubernamental que nos enrostró con claridad y firmeza el estado de deplorable situación actual, no solo de la infraestructura y los servicios de nuestra ciudad sino, y más doloroso aún, de desintegración de nuestra sociedad. Y el planteo  que propuso fue romper con esa inercia de indecisiones permanentes que nos obliga siempre a correr detrás de los hechos consumados.

En mi faceta de investigador oportunamente realicé una encuesta preguntándole a los viedmenses que expectativa tenían del futuro y sus respuesta fueron de “un cambio total” en el 66% de los casos, contra un 34% que optó por “arreglar un poco las cosas y seguir con más de lo mismo”.

La gestión Pesatti se encuentra hoy ante ese desafío. Producir un cambio total en las condiciones generales de la ciudad. Y en su discurso inicial así lo planteó el actual intendente. Pero “la máquina de impedir” no se va rendir fácilmente. Tiene décadas de exitosa experiencia en lograr mantener las cosas como están. Esto no es Europa donde los Países Bajos aceptan dejar de llamarse Holanda para iniciar un proceso de reconversión de su imagen. Tampoco es Colombia o Ecuador donde ciudades más antiguas que Viedma como Quito, Bogotá o Medellín deciden dejar la historia en las bibliotecas para reinventarse en una proyección moderna y pujante hacia el futuro.

Acá la mentalidad NYC que añora la tranquilidad de los años 60’s, cuando Viedma apenas albergada 7.500 almas, no puede aceptar que los 80 mil actuales habitantes disfruten las bondades de la costanera o las plazas y paseos de la ciudad.

Pero en mi trabajo de investigación también descubrí que ellos, los templarios guardianes del pasado y la tranquilidad de la ciudad, son apenas una minoría del 4%, contra una inmensa mayoría del 74% de los casos que espera recuperar para el disfrute de sus vidas ese “Paseo del Bicentenario” que les prometió el intendente…

Y sin remordimiento de que los otros se queden sin sombra para estacionar sus autos.

Y tal vez no sea malo aceptarlo después de todo, porque eso es la integración democrática.

 

Pablo Gustavo Díaz
Consultor en Marketing Político

 

Nota del autor: La foto que ilustra esta nota la tomé de internet y muestra claramente el estado de las veredas de los jardines del ministerio de economía que se planea reconstruir como Paseo del Bicentenario. Huelgan las palabras.