La política desde Vox populi, vox Dei, a la inteligencia colectiva

Si bien está en discusión la autoría del proverbio latino que reza «la voz del pueblo, es la voz de Dios», lo que no se discute es que las creencias populares, acertadas o no, siempre se imponen por su fuerza y no es prudente oponérseles. Menos en Democracia.

En Democracia, la voz del pueblo es la voz rectora por cuanto sus representantes necesitan de su consenso para legitimar sus políticas.

El contrato social existente hasta fines del siglo XX depositaba en el voto ciudadano ese consenso. Bastaba obtener su mayoría en elecciones para ganar la legitimidad de gobernar el tiempo que el contrato legal dispusiera. Pero en el nuevo contrato social que se está reescribiendo en este siglo XXI, los plazos políticos no son rígidos y los gobiernos empiezan a caer cuando pierden el consenso. Como ocurrió en Brasil con Dilma Roussef, en España con Mariano Rajoy, en Argentina con Fernando De la Rúa. Y más cerca aquí, en Bariloche con Omar Goye.

En la Democracia post post-moderna actual, el consenso se construye día a día. Y en este presente tan complejo y sofisticado, son las encuestas tradicionales y el novedoso Big data, quienes auscultan mejor que nada la voz del pueblo: la opinión pública.

Cuando el 19 de marzo el gobierno nacional decreta el Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio (ASPO o cuarentena), además de las razones técnicas-sanitarias expuestas por el propio presidente, como la falta de capacidad hospitalaria para atender la magnitud de enfermos que se preveían y la necesidad de ‘aplanar la curva’, lo hace motivado por una fuerte demanda de la opinión pública que en más del 80% se lo pedía.

Al hacer lo que el pueblo pedía, tomando además la centralidad de la lucha y la comunicación oficial contra la pandemia, y controlando la amenaza en ciernes, Alberto Fernández se gana el apoyo no solo de propios sino también de extraños, que elevan la aprobación de su gestión a valores nunca antes vistos en la historia argentina (89% su pico a mediados de abril, medido por mi consultora en la Patagonia).

Al pasar a Fase 3 y cederle protagonismo a los gobernadores e intendentes, para concentrarse especialmente en el área metropolitana de Buenos Aires (AMBA), esa aprobación comienza a disminuir hasta ubicarse en el 75% actual.

La gobernadora rionegrina, Arabela Carreras, también entendió muy bien el clima de opinión imperante en el momento en que el gobierno nacional decreta el ASPO y su alineamiento inmediato e incondicional a la política sanitaria nacional le valió el fuerte apoyo y consideración de la ciudadanía que elevó su aprobación hasta el 78% a mediados de abril.

Pero al ganar el protagonismo medíatico casi al mismo tiempo que surgen los brotes de contagio en valle medio, alto valle y un nuevo rebrote en Bariloche, sumado al inconformismo de algunos trabajadores y comerciantes que no recibieron en tiempo y forma (o directamente no recibieron nada) la ayuda económica estatal prometida; la gobernadora empieza a pagar ese costo político, perdiendo gran parte de su extraordinaria aprobación, hasta ubicarse en el 55% actual.

Por su parte, el intendente de Viedma Pedro Pesatti fue el primero en pagar costo político por el brote de coronavirus surgido en Viedma aquel lejano 9 de marzo, cayendo 11% su altísimo nivel de aprobación ganado en el exitoso verano viedmense.

Pero su alineamiento incondicional a las políticas de nación y provincia, sumado a la decisión de conformar su propio gabinete de crisis apoyado en el médico infectólogo Héctor Ralli y en su política de fuerte control del acceso a la ciudad y movimiento interno de los vecinos, y al hecho incontrastable de mantener desde hace 85 días a la capital rionegrina libre de Covid-19, le valió el reconocimiento y apoyo ciudadano que le devolvieron su aprobación con creces hasta el pico del 73% medido también a mitad del mes de abril por mi consultora.

Hoy, si bien ha disminuido 9 puntos desde aquel pico histórico, porque bien sabido es que no se puede mantener la conformidad de todo el mundo todo el tiempo, Pesatti es el intendente de mayor aprobación y menor desaprobación en toda la provincia de Río Negro.

Escuchar lo que el pueblo dice es una actitud inteligente. Saber interpretarlo además denota sabiduría. Y obrando en consecuencia nunca se estará equivocado. Algunos intelectuales de la academia liberal tradicional (la de la meritocracia) llamarán a eso ‘demagogia’. Para mi, humildemente, es la Democracia en su estado más puro. La voz del pueblo es la inteligencia colectiva que nos llega desde los días de nuestros ancestros bacterianos, hace más de 3 mil millones de años.

Pablo Gustavo Díaz
Consultor en marketing político