La “pelea” de Vidal con Macri es una estrategia electoral de manual (por Pablo Díaz)

Toda elección es un plebiscito entre la continuidad y el cambio del gobierno de turno. La elección presidencial de 2019 no será la excepción y puede que esta supuesta “pelea” que están mostrando hacia afuera dos de los máximos líderes del PRO, tenga un significado diferente del que están comunicando los medios de prensa.

En las últimas semanas los medios de comunicación nacionales no dejan pasar día sin contarnos el enojo que tiene la gobernadora de la provincia de Buenos Aires con los máximos exponentes del gobierno nacional, especialmente con el presidente de la nación.

Motivados por actores que se muestran ocasionalmente serios en las fotos en las que aparecen juntos, de rumores que dejan trascender peleas de las segundas líneas y diálogos rotos en las primeras, o por fotos de la gobernadora con dirigentes políticos y mediáticos opositores, se alimentan elucubraciones de supuestos alejamientos y rupturas de la cúpula gobernante, en un claro intento de separar a la inocente y heroína gobernadora bonaerense del malvado y desaprensivo presidente argentino.

En mi opinión lo que se deja ver no es lo real. Y lo real puede que sea más importante que lo que se deja ver. Creo que esta es una campaña de desinformación típica del marketing político con el objetivo puesto en “despegar” la imagen de la gobernadora Vidal de la gestión del gobierno nacional de Macri, para “curarla” de males ajenos y preservarla de la caída en las encuestas en la que había entrado María Eugenia arrastrada por la caída en la imagen de Mauricio.

¿Y por qué el gobierno querría preservar la imagen impoluta de Vidal? Porque ella es el “Plan B” de la continuidad de Cambiemos en el poder nacional.

Recordemos: Luego de la victoria de Cambiemos en las elecciones de medio término del 2017, las imágenes positivas de Macri y Vidal superaban el 60%. A partir de una serie de desafortunados eventos políticos nacionales, la imagen positiva de Macri comenzó a caer hasta romper el piso de 50% y empezar a quedar por debajo de la negativa por el mes de abril/mayo de 2018. Hasta allí era solo la imagen presidencial la que venía en pique. La imagen positiva de la gobernadora se mantenía bastante por encima de la negativa. Pero a partir de agosto de este año eso también cambió y la gobernadora empezó a mostrar signos de negatividad producto del arrastre de la caída presidencial.

La imagen de los políticos no siempre condice con su intención de voto. Y a pesar de la caída de la imagen del presidente, su intención de voto aún se mantenía alta (del orden del 37-40%) lo cual no ponía en riesgo su reelección. Pero eso también empezó a cambiar en las últimas semanas, poniendo en alerta roja a los cráneos de la estrategia electoral del macrismo. La actual intención de voto de Macri ya no garantiza la continuidad. La ex-presidenta Cristina Fernández de Kirchner lo supera, y no solo en primera vuelta sino también hasta en un hipotético escenario de segunda vuelta.

Pero ese efecto desbastador de la pretensión reeleccionista de Macri no se manifiesta aún en la gobernadora Vidal. Las encuestas la muestran ganándole a la oposición en cualquier escenario, tanto de primera como de segunda vuelta. Tal vez muy jugado en los límites, pero ganadora al fin. Ahí se activa la opción de “Plan B” para la continuidad del proyecto macrista en el poder: “si no se puede ganar con el titular, intentar hacerlo con la suplente”. Pero para lograr eso es necesario “blindar” al máximo la imagen de la suplente, evitándole que también empiece a perder intención de voto.

En toda elección ejecutiva el electorado siempre estará sometido a la lógica de optar entre continuidad o cambio del gobierno de turno. Si las cosas en general marchan bien lo seguro es que opte por la continuidad. Y en ese escenario si el gobernante no puede ser reelegido por motivos constitucionales, pegársele a él es una útil forma de intentar absorber su buena vibra. Cristina Fernández – Néstor Kirchner y Horacio Rodriguez Larreta – Mauricio Macri son dos ejemplos de esta asociación positiva.

Pero cuando las cosas no marchan bien el manual marca hacer lo contrario: despegarse, desmarcarse como el mejor gambeteador del fútbol, es la consigna.

Podemos ver como ejemplos de “despegues” los de Pablo Verani de Horacio Massaccesi en 1995 en Río Negro, o el de Eduardo Duhalde de Carlos Menem en 1999… Y este desmarque de la gobernadora Vidal del presidente Macri… si, en línea con este razonamiento que vengo expresando, la estrategia de continuidad del proyecto cambiemista ha decidido que sea ella la que reemplace al actual presidente en el uso del sillón de Rivadavia a partir del año que viene.

Pablo Gustavo Díaz
Consultor político
@pablogusdiaz

 

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