EL DILEMA DE LA INTERNA RADICAL (PABLO DIAZ)

A diferencia de otros partidos políticos, la Unión Cívica Radical tiene una gran tradición en resolver sus desacuerdos en elecciones internas. Raúl Alfonsín y su visión socialdemócrata de la política puede llegar a ser considerado, incluso, la mayor creación de ese partido generada justamente de ellas.

Luego de la catástrofe sufrida en el seno de ese partido tras la caída del gobierno de Fernando de la Rúa, que lo depositó en el subsuelo de su caudal electoral con el 2,34% de votos obtenidos por Leopoldo Moreau en las presidenciales de 2003, a la UCR le ha costado volver a mostrarse competitiva en el mercado electoral.

El tercer puesto de Ricardo Alfonsín en las elecciones de 2011 con 11,4% de los votos y verse subsumida a acompañar las candidaturas presidenciales de dirigentes de otros partidos como Roberto Lavagna en 2007 y Mauricio Macri en 2015 son también muestra de ello.

Luego de veinte años de desaciertos, la elección interna de este año se presenta como una bisagra que le ayude a cerrar la puerta de su pasado, ya sea para dejar atrás las frustraciones electorales o para resignarse a un futuro de partenaire del PRO.

Facundo Manes y Martin Lousteau resuelven esa complejidad. Abad y Posse, en provincia de Buenos Aires, son los pesos que ponen sobre la balanza.

Si la balanza se inclina por el hijo de Melchor, heredero del clan que gobierna el partido de San Isidro desde 1983 pero que la prensa porteña omite recordar a expensas de exponer solamente los feudalismos peronistas del interior profundo del país, la UCR podría continuar el camino iniciado en la convención de Gualeguaychú del 2015 de sumisión al liderazgo del PRO, acompañando la candidatura presidencial de Horacio Rodríguez Larreta en 2023. Y garantizando a sus eternos dirigentes seguir manteniendo sus cómodas vidas atadas a los cargos y sueldos que reparte el poder

Pero si la balanza se inclinara para el lado del médico nacido en Salto, la UCR podría tomar un camino de aventura liberadora, rompiendo las cadenas que la atan al macrismo, posibilitando la candidatura presidencial del neurocientífico. Esta segunda alternativa es puro riesgo: «plata o mierda» dice el refrán. Donde la derrota se puede llegar a pagar con otros veinte años más de frustraciones. Pero la gloria, si se consiguiera, cobraría dimensiones épicas, como aquella de Alfonsín en el ’83.

Un dilema político, sin dudas, pero también psicológico. Fundamentalmente psicológico. Ya que tiene que ver con continuar o abandonar la ‘zona de confort’ en la que hoy están los radicales.

«Audentis fortuna iuvat» (A los audaces ayuda la fortuna) escribió en sus versos el gran Virgilio.

 

Pablo Gustavo Díaz
Consultor en marketing político
@pablogusdiaz