Coronavirus y la oportunidad de generar cambios profundos (Pablo Diaz)

Bien dice el dicho popular que “toda crisis significa una oportunidad”, asociada a esta otra frase: “para intentar algo distinto, un cambio”. En lo personal debo confesar que no me conforma esa afirmación ya que considero que si uno espera estar en estado de crisis para cambiar, puede ser muy tarde.

Eso lo explica muy bien el Profesor de Administración de Empresas en la Escuela de negocios de Harvard, Clayton Christensen, en su libro El dilema del innovador (“The Innovator’s Dilemma”) fundado en la aplicación de las “tecnologías disruptivas”, para demostrar como la mayoría de las empresas líderes, dormidas en los laureles, abusan del status quo que le otorga ese liderazgo y así son superadas por nuevas compañías chicas, modestas pero ágiles, que haciendo uso de tecnologías disruptivas se lo arrebatan. Como ejemplo de ello podemos citar los casos de Yahoo que fue destronado por Google; Harley-Davidson y BMW que fueron superadas por Honda y Yamaha; Nokia que siendo líder del mercado de teléfonos celulares en los ’90 no vio venir al smartphone de Apple; y ni que hablar de Kodak que también fue víctima del mismo crimen.

Como bien ya debés saber si sos seguidor de mis columnas, yo provengo del ámbito informático y durante más de 20 años me dediqué a la programación y venta de sistemas de computación y aplicaciones para internet. Mis dos últimos grandes fracasos provienen justamente de la inversión puesta en el desarrollo y marketing de plataformas de e-learning (educación online) en la época en que recién se esbozaba el plan conectar igualdad, y el desarrollo y marketing de plataforma de comercio electrónico para el negocio retail (venta minorista local) e inmobiliario… calculé mal los tiempos. Los desarrollé e intenté comercializar en épocas ‘normales’ donde los colegios y comercios estaban muy cómodos en sus formas presenciales de enseñar y vender sus productos. Hoy, en épocas de cuarentena, tal vez distinta sería la cosa para mi negocio, pero no para el de ellos: porque ya es tarde! Ya perdieron a manos de aquellos innovadores que supieron ver a tiempo el futuro y no se quedaron dormidos en los laureles del éxito.

Pero esta anécdota que te cuento del mundo de los negocios, también sirve para el mundo de la política. Tenemos un sistema político-electoral diseñado fundamentalmente en la presencialidad, tanto de candidatos como de electores. Un sistema que, como el de la educación mencionado en el párrafo anterior, por ejemplo, poco y nada a cambiado desde sus inicios en el siglo XIX. Más allá del recurso de communities managers y puesta online de alguna que otra página web, las campañas aún dependen en gran medida de la presencialidad del candidato en actos, mitines y timbreos barriales; de pegatinas de afiches callejeros, pintada de paredones o colgada de pasacalles. Y las elecciones dependen del traslado de fiscales y electores a escuelas, cuartos oscuros, urnas de cartón y papeletas impresas. Todo un sistema electoral propio de la era analógica, a pesar de estar hace mas de un cuarto de siglo viviendo en la era digital.

El maestro Mario Riorda, en su artículo “La sobrevaloración de las campañas” publicado en diario Clarín, ya alertaba en aquel año 2017 sobre la obsolescencia de todos esos recursos publicitarios callejeros, demostrando que nada de toda esa publicidad analógica servía para cambiar la decisión de voto de la gente. Yo pude comprobar eso empíricamente en las diferentes elecciones rionegrinas de 2019 al ver como en el resultado provincial como en los de más de 10 municipios en los que trabajé, ratificaban las tendencias surgidas en las encuestas desde varios meses antes del acto comicial. No obstante ello “¿Quién se anima a aconsejarle a su candidato que no los use?”, nos inquirió Riorda en una de sus charlas magistrales allá en La Plata hace un año atrás.

Y en el campo estrictamente electoral pasa lo mismo. A pesar de estar hartamente demostrado la eficacia del sistema de voto electrónico en varios países y estados subnacionales del mundo, el enamoramiento por el sistema presencial y analógico de urnas y papeles persiste con demasiado ahínco…. Hasta que nos toca una elección en medio de una pandemia como ésta, con estado de cuarentena y todo, tal como pasa hoy en Polonia.

El próximo 10 de mayo hay elecciones presidenciales en Polonia y el país está en cuarentena por Coronavirus. Todos los candidatos opositores se quejan de que no pudieron hacer campaña por estar encerrados en sus casas cumpliendo la cuarentena, acusando públicamente que el único que si pudo hacer proselitismo es el actual presidente que va por su reelección.

Allí además está el problema del comicio, ya que a nadie quiere hacinar a la gente dentro de las escuelas para que voten, pero a nadie se le ocurrió, con tiempo suficiente antes de la crisis, desarrollar un sistema alternativo de votación electrónica.

El estado Polaco está sufriendo un grave problema institucional y los márgenes para apelar a soluciones alternativas son muy estrechos. Tan estrechos que si no se acepta el voto por correo postal propuesto por su presidente Andrzej Duda, la otra opción es prorrogarle el mandato con la suma de los poderes conferidos en el estado de emergencia por la crisis sanitaria, convirtiendo al hombre en un virtual dictador.

La Democracia estaba muy cómoda en Polonia antes del mes de marzo de este año, como lo está en gran parte del mundo, gozando de las mieles de su éxito analógico. Jamás nadie pensó que llegaría una pandemia. Hasta que llega.

Pero no muy lejos de allí, apenas a 1.000 kilómetros de distancia. Un país llamado Estonia, hace 15 años comenzó un sistema de voto electrónico tan innovador que hoy permite votar a todos los estonios por internet, cómodamente desde la computadora de su hogar y con toda la máxima seguridad digital que le aporta la tecnología Blockchain; la misma que usa la criptomoneda Bitcoin, por ejemplo, para mover siderales sumas de dinero por todo el mundo.

Estonia, liberada del yugo soviético tras la caída del muro de Berlín, decidió reconvertir su anacrónico y vetusto país en uno nuevo, moderno, de avanzada. Y así es que hoy su economía se basa en gran parte en tecnología del conocimiento y desarrollo aplicado.

Bajo el liderazgo de una nueva camada de dirigentes desarrolló un sistema electoral llamado i-voting que usa mas de la mitad de su población para elegir a sus gobernantes sin la necesidad de recurrir a las escuelas en forma presencial. El voto es obligatorio, pero la modalidad presencial o virtual es opcional, cada votante individual elige la forma en que quiere votar.

Con la misma facilidad y seguridad con que nosotros accedemos a nuestra cuenta bancaria vía el sistema de home-banking que nos ofrece nuestro banco, ya sea para hacer transacciones electrónicas de nuestro dinero, pagar cuentas, transferir dinero a otras cuentas, comprar/vender dólares, renovar plazos fijos, etc. El presidente estonio nos muestra en el video anterior como ellos ingresan al sistema online de votación para elegir a sus gobernantes.

Un sistema electoral fácilmente exportable a cualquier democracia del mundo a la que le interese facilitarle las condiciones de votación de sus ciudadanos (https://e-estonia.com/solutions/e-governance/i-voting/). Sistema que no tenemos los argentinos, por ejemplo, pero que tampoco tiene Polonia que, en pocos días más, además de la crisis sanitaria que ya la acosa, se verá hundida en una profunda crisis política de legitimidad de sus autoridades.

Como comenté al principio de la nota: dicen que las crisis son motivos de oportunidades. Pero yo recomiendo a los dirigentes políticos que no las esperen para hacer los cambios que deban hacer. El futuro es ahora!

Pablo Gustavo Díaz
Consultor en Marketing Político