BRASIL: A LOS 88 AÑOS MURIO JOAO GILBERTO

El reconocido artista João Gilberto, falleció a los 88 años, según confirmó su familia.

Su hijo, João Marcelo, fue quien dio la noticia en un posteo de las redes sociales, aunque sin confirmar la causa del deceso:

«Murió mi padre. Su lucha fue noble, él intentó mantener la dignidad incluso con la pérdida de la independencia»

El desenlace lo encontró en una difícil etapa de su vida, en la que los problemas económicos, de salud y familiares lo llevaron a vivir en una casa prestada en Río de Janeiro. Lo rodeaba un complejo enfrentamiento entre sus hijos mayores y su última esposa.
Su voz delicada cantando «Garota de Ipanema» cautivaba al mundo casi 60 años después de su grabación, pero Joao Gilberto, el padre más perfeccionista de la bossa nova, agonizaba lejos de la placidez de su música.
Arruinado, enfermo y solo en Rio de Janeiro, la tristeza que envolvió a este artista parecía no tener fin.

Desde hacía años, Gilberto estaba en el centro de una truculenta pelea que enfrenta a sus hijos mayores, los músicos Joao Marcelo y Bebel Gilberto, con su última exesposa Claudia Faissol, una periodista cuarenta años más joven que él y madre de su hija adolescente.
Bebel y Joao Marcelo acusaban a Faissol de haberse aprovechado del legendario músico bahiano, pero la trama no solo va de dinero.
Pese -o por- su genialidad, Joao Gilberto nunca fue una persona fácil. Su perfeccionismo obsesivo y sus excentricidades -como su reclusión en pijama en casa o su fobia social (apenas entreabría la puerta para recibir diariamente comida de un restaurante) – lo hicieron tan famoso como sus preciosas interpretaciones de «Desafinado», «Corcovado» o «Chega de Saudade», a menudo en dúo con su primera esposa Astrud Gilberto.
«Gilberto es como Michael Jackson o Prince, un artista genial y raro, aunque su rareza se fue agudizando hasta llegar a esta situación terrible», explicó Araujo.

Desde finales de 2017, el hombre que internacionalizó la música brasileña junto al compositor Tom Jobim y al poeta Vinicius de Moraes estaba inhabilitado judicialmente a petición de su hija Bebel, que aseguró que su padre no tenía condiciones de cuidar de su salud ni de sus finanzas por su fragilidad física y mental.
Bebel -hija del segundo matrimonio del artista con la cantante Miúcha- llegó a avalar un allanamiento del apartamento de alquiler que Gilberto llevaba meses sin pagar en el rico barrio de Leblon.
Finalmente, Gilberto fue obligado a salir del inmueble y desde finales de abril vive en un apartamento en Gávea, prestado según se dice por Paula Lavigne, la mujer de Caetano Veloso.
Si pudiera ponerse fecha al inicio del declive de Gilberto, sería 2011. Ese año, Claudia Faissol le convenció de hacer una gira de conciertos para celebrar sus 80 años, pero Gilberto la acabó cancelando alegando problemas de salud.

El cantante ya había recibido un millón de reales (unos 600.000 dólares por ese entonces) como adelanto y fue obligado a devolverlos.

En medio de un prolongado pleito con su primera discográfica, sin CD desde 1989 y sin presentarse públicamente desde 2008, acabó vendiendo en 2013 el 60% de los derechos sobre sus cuatro primeros discos al banco Opportunity.

Acusada de hacerle firmar contratos sin su pleno conocimiento, a mediados del año pasado Faissol llamó a los bomberos para que entraran en el apartamento de Gilberto. Según sus hijos, su exesposa quería llevarlo a la fuerza a la entrega de un premio en Estados Unidos.

«Brasil le debe mucho a Joao Gilberto y necesita encontrar formas para apoyarlo en este momento en que el tiempo y su eco están siendo implacables con él», afirmaba en ese momento el empresario Nizan Guanaes.
Guanaes estuvo movilizando a artistas para ayudar al cantante, pese a que hace casi 20 años éste le arruinó la inauguración de una sala de conciertos en Sao Paulo, increpando y sacando la lengua al público, enfurecido por el mal sonido del recinto.

Una de las últimas veces que los brasileños lo vieron fue en 2015, cuando el cantante, muy flaco, fue grabado en un video casero con su pijama y su guitarra tocando «Garota de Ipanema» con su hija pequeña.

«La tristeza no tiene fin», decía cuando interpretaba una de sus canciones más celebradas. Caetano Veloso preferiría su verso: «Mejor que el silencio, sólo Joao».

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