BICHARA PINTO DE CUERPO ENTERO A LA GESTION PESATTI


UN RECONOCIMIENTO A LOS TRABAJADORES DE LA SALUD Y DEL CAMU

Fui partícipe de uno de los reconocimientos más significativos y emocionantes durante nuestra gestión: la colocación de una placa en el Centro de Atención Municipal de Viedma, en honor a los trabajadores y trabajadoras del CAMu y hospital Artémides Zatti. Fue un acto sencillo; pero escuchando a los oradores Patricia Oroño, José Pacayu y Pedro Pessati no pude evitar recordar aquellos días de zozobra que vivimos. El primer caso de covid en nuestra Ciudad, uno de los primeros en el país, y el esfuerzo colectivo de los Viedmenses que logró mantenernos sin nuevos casos durante cinco meses ininterrumpidos.

Cómo no recordar al “Cucho Encina” y a su equipo, multiplicándose junto al personal de salud para sostener el control en los ingresos, y a la vez tener la capacidad para definir las excepciones que así lo requerían. No había margen de error. Luego logramos que se sumen otras fuerzas, y hasta fuimos partícipes del ingreso de la ruta de entrada a Patagones. No existieron medidas tomadas de forma neutral; porque todas implicaban algún costo. Es ahí donde las miradas y la responsabilidad se dirigían hacia el Intendente Pedro Pesatti. Me emociona pensar en esos días, el temor a lo desconocido, y la televisión que nos mostraba minuto a minuto el dolor en primera persona. Resuena en mis oídos la frase: “Intendente, prepare el cementerio”. Lo miré a Pedro, y me dijo con firmeza: “Estuve en el hospital, en la capilla de Don Zatti, sentí una energía y una fuerza. Yo tengo mucha fe, Pedrucho, vamos a andar bien. Voy a dar lo que no tengo para cuidar a nuestra gente”.

Ya la cuarentena hacía mella en nuestra economía, y en el trabajo diario de los vecinos. Así la cosa no era solo el Covid, sino los múltiples problemas que provocaba. Un día indefectiblemente llegó el coronavirus, y ya no era por la pantalla. Días en los que daba miedo abrir el diario, o las redes sociales. Pero los hombres y mujeres de la gestión no podían darse esa licencia; tenían que resolver, no había tregua. En esos momentos se agigantó la figura de Pessatti. No estoy hablando de encuestas ni réditos políticos, sino de la solvencia y la calma en días de turbulencia. De la convicción del cerrojo sanitario, al “Tengo miedo de lo que nos pueda pasar si no nos cuidamos”. Lo que para algunos fue una debilidad, para muchos fue la expresión de un dirigente humanista por excelencia.

Sería injusto no aclarar que mi admiración hacia Pedro incluye a cada uno de los hombres y mujeres de la gestión, al trabajo que se articuló con la colaboración de voluntarios, organizaciones sociales, compañeros docentes y trabajadores municipales que acompañaron, y concretaron, cada definición que se tomó desde la conducción. Y como la placa indica, especialmente a los trabajadores de la Salud.

Durante uno de aquellos días me sorprendió una noticia. No había certezas de la llegada de las vacunas, y el profesor Pesatti anunciaba que ponía a disposición un dispositivo para garantizar la vacunación, sumado a las actividades de hisopados del CAMu. Por un momento pensé “Está loco”. Pero ya me había demostrado en días de incertidumbre que se adelantaba a los hechos. Estoy convencido que se escribirán cientos de historias acerca de esta locura que nos tocó vivir. Pero está humilde reflexión es para hacer un paréntesis en los problemas que nos aquejan hoy, y tal vez ya no registren la lucha de aquellos días.

No salimos ilesos de la batalla, que aún no termina, pero en nombre del gobierno de la comunidad de Viedma abrazamos con el corazón a aquellos vecinos que perdieron a sus seres queridos sin poder despedirlos. Viene a mí el recuerdo de gente cercana y querida, como el “Colo” Ortega, Gabriel Garnica, o Pedrito Cipriano; todos ellos víctimas del Covid. No sé si volvimos mejores. Volvimos como pudimos, pero con la determinación de salir adelante ante cualquier adversidad.